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miércoles, 17 de septiembre de 2014

Águila Calzada Hieraaetus pennatus



   --- Y abandonando a la hembra en el expedito cielo del recién estrenado mundo,  la pequeña águila de tarsos emplumados descendió a las aguas del  lago prohibido.



   Mientras se bañaba el lodo de la orilla  tiñó sus plumas y cuando de nuevo alzó el vuelo, todo el níveo blanco de su cuerpo había desaparecido.



   Ahora su progenie sigue cargando la culpa y mientras unos portan el plumaje blanco de la madre, otros se cubren con la capa oscura del pecado.










 








 

martes, 17 de junio de 2014

Deseando la noche (Elanus caeruleus)



   Con el alba llegó el diablo.

   Cabalgando al viento sobre alas grises, desciende para posarse sobre el altanero trono desde el que domina las tierras de su nuevo feudo.

   Su mirada de fuego congela el alma y sabemos que pronto deberemos pagar el vasallaje para que él  le ofrezca a su dama presentes de sangre.

  Caer en la jaula de sus garras y morir despedazado por su hambriento pico; un sacrificio demasiado alto  a cambio del derecho a unas tierras baldías.

   Los súbditos lloramos,  gritamos, temblamos ante cualquier sombra sobre nuestras cabezas y cumplimos con la ley de la vida, pero nuestro corazón sólo alberga el deseo del ocaso para que la bestia se marche.

   Aunque el hambre retuerce las entrañas, permanecemos ocultos, inmóviles, deseando que llegue la noche para ser  libres… aunque con la oscuridad reaparezcan otras pesadillas.











lunes, 9 de junio de 2014

Duendecillos de sol



   Tras largas horas de errático deambular por los túneles, por fin aprecié la  claridad de la salida.

   Mi vista cegada por la intensidad del sol apenas vislumbraba manchas de colores que giraban a mi alrededor. Cuando mi visión se aclaró descubrí que estaba rodeado por pequeñas aves que se afanaban en sus labores sin apenas prestarme atención.

   Sus plumas emitían destellos multicolores que me hicieron olvidar la subterranea oscuridad y me quedé allí durante varios minutos, hipnotizado de color.  Después recordé que debía alejarme antes de que me echaran en falta y emprendí la carrera hacia mi libertad.

   Solamente una vez volví la vista atrás, las aves seguían allí, ajenas a mi angustia, disfrutando del día, revoloteando, gritando y jugando como duendecillos con los rayos del sol.                                                                                                                       
                                                                                   Txanbelin

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